Antecedentes del Papel como soporte de escritura 
Para aproximarnos a la historia del papel, debemos tener en cuenta la necesidad inherente al hombre de registrar y preservar sus pensamientos, de expresarse a través de diversos tipos de lenguajes, es decir una necesidad básica de comunicación. Para ello, debemos remontarnos muy atrás en el tiempo, a una época en que estos procesos de comunicación estaban dados básicamente por lenguajes corporales y gestuales; es así que podemos decir que el primer soporte expresivo fue el propio cuerpo humano. También las pinturas corporales, presentes desde siempre en casi todas las civilizaciones, constituyen un soporte físico de información y no son solo patrimonio de algunos grupos indígenas, ya que en todas las sociedades actuales los estilos de maquillaje continúan indicando relaciones sociales, grupos de pertenencia, etc.
Por otra parte, la transmisión oral surge también de necesidades sociales y religiosas; la transmisión de hábitos creencias y conocimientos son imprescindibles para la supervivencia de un grupo; y aunque es característico de esta forma de expresión, la alteración paulatina del contenido original del mensaje, también gracias a ella es posible rescatar información que la “historia oficial” muchas veces no revela.
En tanto, el primer soporte de inscripción fue la roca. Las pinturas rupestres que se han encontrado en numerosas cuevas, de diferentes regiones cons
tituyen verdaderos documentos de la más lejana historia del hombre. Pero la necesidad de registrar en forma más abundante y práctica el lenguaje, hizo pensar en la búsqueda de otros materiales. Es así que desde muchos años antes de la era cristiana, en la Mesopotamia, se utilizaban tablillas de arcilla para las inscripciones. También griegos y romanos desde la antigüedad clásica emplearon tablas de madera recubiertas de cera. Los romanos las denominaban “tábulas” y utilizaban un elemento hecho de hueso, bronce o marfil llamado “stilus” para escribir sobre ellas.

Para aproximarnos a la historia del papel, debemos tener en cuenta la necesidad inherente al hombre de registrar y preservar sus pensamientos, de expresarse a través de diversos tipos de lenguajes, es decir una necesidad básica de comunicación. Para ello, debemos remontarnos muy atrás en el tiempo, a una época en que estos procesos de comunicación estaban dados básicamente por lenguajes corporales y gestuales; es así que podemos decir que el primer soporte expresivo fue el propio cuerpo humano. También las pinturas corporales, presentes desde siempre en casi todas las civilizaciones, constituyen un soporte físico de información y no son solo patrimonio de algunos grupos indígenas, ya que en todas las sociedades actuales los estilos de maquillaje continúan indicando relaciones sociales, grupos de pertenencia, etc.
Por otra parte, la transmisión oral surge también de necesidades sociales y religiosas; la transmisión de hábitos creencias y conocimientos son imprescindibles para la supervivencia de un grupo; y aunque es característico de esta forma de expresión, la alteración paulatina del contenido original del mensaje, también gracias a ella es posible rescatar información que la “historia oficial” muchas veces no revela.

En tanto, el primer soporte de inscripción fue la roca. Las pinturas rupestres que se han encontrado en numerosas cuevas, de diferentes regiones cons
tituyen verdaderos documentos de la más lejana historia del hombre. Pero la necesidad de registrar en forma más abundante y práctica el lenguaje, hizo pensar en la búsqueda de otros materiales. Es así que desde muchos años antes de la era cristiana, en la Mesopotamia, se utilizaban tablillas de arcilla para las inscripciones. También griegos y romanos desde la antigüedad clásica emplearon tablas de madera recubiertas de cera. Los romanos las denominaban “tábulas” y utilizaban un elemento hecho de hueso, bronce o marfil llamado “stilus” para escribir sobre ellas.Protopapeles
Antes de la invención del papel, otros vegetales fueron usados como soporte de la escritura. En Oriente se
empleaban hojas de palmera y tiras de bambú, mientras que en algunas islas del Pacífico y en América Central se usaban las cáscaras de algunos árboles para escribir sobre ellas. Y si bien las técnicas de procesamiento de estas eran diferentes, a grandes rasgos, las fibras internas de la corteza se golpeaban hasta dejarlas tan finas como una hoja de papel.
Pero el más conocido e importante de los soportes vegetales es el papiro. Los egipcios (aprox. 3500 años a.C) lo elaboraban a partir de una planta herbácea, una especie de junco llamado Cyperus Papyrus. Esta planta, de múltiples usos, cuyos frutos eran comestibles y de sus tallos y hojas se fabricaban cuerdas, cestos e incluso pequeñas embarcaciones, y de cuyas raíces se construían todo tipo de utensilios; no era de uso exclusivo de los egipcios, es probable que también fenicios, persas, griegos y romanos la emplearan (aunque con procesos diferentes). Los principales documentos del Imperio Romano se escribían sobre papiros. El tallo de esta planta, alargado y algo grueso está compuesto por varias capas. Estas se separaban cuidadosamente y se colocaban en capas de tiras dispuestas perpendicularmente y se aplanaban, quedando unidas con su propia savia y con el agua lodosa del Nilo que oficiaban como aglutinante. Las capas se superponían hasta obtener el espesor deseado y luego se prensaban y dejaban secar al sol. Este “simple” proceso podía llegar a demorar entre 7 y 10 días. Las hojas formadas recibían utilidad y nombres diferentes según su calidad: las que estaban hechas con la parte central del tallo se llamaban “hieráticas” y en ellas se escribían los textos sagrados, mientras que el papiro de uso más frecuente, llamado “emporético” se fabricaba con las fibras exteriores. Es del nombre griego “papyrus” que procede el término papel.
Mientras tanto, en otras partes del mundo, se han aprovechado pieles animales por encima de las fibras vegetales para escribir sobre ellas. El más conocido de estos productos animales es el
pergamino, fabricado con pieles de carnero, cabra o ternero. La elaboración manual de estos, desarrollada en la ciudad de Pérgamo 200 años a.C. requiere de una gran destreza, y durante siglos, en Europa fue una tarea realizada exclusivamente en los monasterios. Las pieles eran estiradas en bastidores, se les eliminaba el pelo y el cebo, se restregaban y dejaban secar. La costumbre de escribir sobre cueros proviene de los primitivos pueblos orientales y si bien el pergamino y el papiro convivieron durante muchos años, el pergamino tuvo un papel determinante en el arte del libro, ya que los libros de pergamino constituyeron el vehículo pictórico y literario más importante de Occidente durante casi 8 siglos. Para tener una idea de lo laborioso de este arte, un códice de 200 páginas requería alrededor de 80 pieles y una Biblia podía insumir las pieles de 300 carneros.
Todos estos derivados naturales, parientes del papel, han sido alisados, golpeados o restregados, pero es precisamente en el proceso de elaboración donde radica la diferencia con el papel y por eso se denominan protopapeles.
Antes de la invención del papel, otros vegetales fueron usados como soporte de la escritura. En Oriente se
empleaban hojas de palmera y tiras de bambú, mientras que en algunas islas del Pacífico y en América Central se usaban las cáscaras de algunos árboles para escribir sobre ellas. Y si bien las técnicas de procesamiento de estas eran diferentes, a grandes rasgos, las fibras internas de la corteza se golpeaban hasta dejarlas tan finas como una hoja de papel.Pero el más conocido e importante de los soportes vegetales es el papiro. Los egipcios (aprox. 3500 años a.C) lo elaboraban a partir de una planta herbácea, una especie de junco llamado Cyperus Papyrus. Esta planta, de múltiples usos, cuyos frutos eran comestibles y de sus tallos y hojas se fabricaban cuerdas, cestos e incluso pequeñas embarcaciones, y de cuyas raíces se construían todo tipo de utensilios; no era de uso exclusivo de los egipcios, es probable que también fenicios, persas, griegos y romanos la emplearan (aunque con procesos diferentes). Los principales documentos del Imperio Romano se escribían sobre papiros. El tallo de esta planta, alargado y algo grueso está compuesto por varias capas. Estas se separaban cuidadosamente y se colocaban en capas de tiras dispuestas perpendicularmente y se aplanaban, quedando unidas con su propia savia y con el agua lodosa del Nilo que oficiaban como aglutinante. Las capas se superponían hasta obtener el espesor deseado y luego se prensaban y dejaban secar al sol. Este “simple” proceso podía llegar a demorar entre 7 y 10 días. Las hojas formadas recibían utilidad y nombres diferentes según su calidad: las que estaban hechas con la parte central del tallo se llamaban “hieráticas” y en ellas se escribían los textos sagrados, mientras que el papiro de uso más frecuente, llamado “emporético” se fabricaba con las fibras exteriores. Es del nombre griego “papyrus” que procede el término papel.
Mientras tanto, en otras partes del mundo, se han aprovechado pieles animales por encima de las fibras vegetales para escribir sobre ellas. El más conocido de estos productos animales es el
pergamino, fabricado con pieles de carnero, cabra o ternero. La elaboración manual de estos, desarrollada en la ciudad de Pérgamo 200 años a.C. requiere de una gran destreza, y durante siglos, en Europa fue una tarea realizada exclusivamente en los monasterios. Las pieles eran estiradas en bastidores, se les eliminaba el pelo y el cebo, se restregaban y dejaban secar. La costumbre de escribir sobre cueros proviene de los primitivos pueblos orientales y si bien el pergamino y el papiro convivieron durante muchos años, el pergamino tuvo un papel determinante en el arte del libro, ya que los libros de pergamino constituyeron el vehículo pictórico y literario más importante de Occidente durante casi 8 siglos. Para tener una idea de lo laborioso de este arte, un códice de 200 páginas requería alrededor de 80 pieles y una Biblia podía insumir las pieles de 300 carneros.Todos estos derivados naturales, parientes del papel, han sido alisados, golpeados o restregados, pero es precisamente en el proceso de elaboración donde radica la diferencia con el papel y por eso se denominan protopapeles.


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